Y jacte mi alma a un sinfín de cambios. A esa lujuria a la obra, que por mismo es perjurar, bajo el acto salvaje de lo ruin y lo sangriento. Que poco a poco enloquece a cualquier humanitario en su santo juicio. Desquiciado por los suspiros, empapadores de los cristales de la vida, y los gemidos de un después que nunca llegara a pasar. Porque el después al final siempre, penuria
Y, aun así, procuré no elevar anclas, en una chiflada caza, entre tus sentimientos y los míos. Y aunque arroje mi mano para ver si te alcanzaba, en un acto de lujuria, ruin y sangrienta, casi conseguí, tenerla, mantenerla, tocarla. Qué con el gozo y las ansias de probarla, luego fui a bañarme en el charco de los sueños que nos brinda al ingerir, un vaso de Ginebra…
Pues la razón, llego al trance en que me atendía tu ser, y al ver su perjuicio, se marchó y se desvió entre morbosos caprichos, porque el deseo, que es como la muerte, sin ningún tipo de remedio. Y nutriéndose de cuantas vidas hay en este mundo, solo encontró una que la llenase… Eres tú, y solo tú, que me ponen en estado de enfermo sin cordura, sin remedio. Pues jurare no jactar mi alma a un sinfín de cambios. Pero que le digo al corazón, cuando tiemble, en un negro inferno, en una noche oscura, cuando luego pregunte por ti…
En cuanto prestar atención estas palabras, con una absorta mirada, entonces tu voz quedara muda, y mis palabras solo se comunicarán con tu alma. Si es así, entonces eres tú…
Y, aun así, procuré no elevar anclas, en una chiflada caza, entre tus sentimientos y los míos. Y aunque arroje mi mano para ver si te alcanzaba, en un acto de lujuria, ruin y sangrienta, casi conseguí, tenerla, mantenerla, tocarla. Qué con el gozo y las ansias de probarla, luego fui a bañarme en el charco de los sueños que nos brinda al ingerir, un vaso de Ginebra…
Pues la razón, llego al trance en que me atendía tu ser, y al ver su perjuicio, se marchó y se desvió entre morbosos caprichos, porque el deseo, que es como la muerte, sin ningún tipo de remedio. Y nutriéndose de cuantas vidas hay en este mundo, solo encontró una que la llenase… Eres tú, y solo tú, que me ponen en estado de enfermo sin cordura, sin remedio. Pues jurare no jactar mi alma a un sinfín de cambios. Pero que le digo al corazón, cuando tiemble, en un negro inferno, en una noche oscura, cuando luego pregunte por ti…
En cuanto prestar atención estas palabras, con una absorta mirada, entonces tu voz quedara muda, y mis palabras solo se comunicarán con tu alma. Si es así, entonces eres tú…
PD: Para esa persona especial...

